lunes, 23 de marzo de 2009

Ausentes

No se escuchan, son los únicos que no se escuchan. Están. Nos los vemos ni los escuchamos, pero ahí están.

Hay otros que si se escuchan, son los que reclaman, los que protestan porque no les gusta que les toquen el bolsillo. Gritan y patalean. A ellos si los escuchamos.

A ellos y a otros, que también se sienten amenazados y aprovechan para subirse al tren de la protesta. Y ya que el tren está pasando, se suben otros, y algunos otros más y también protestan, ya no por el tema del bolsillo solamente, sino por el tema de la inseguridad. Y a ellos también los escuchamos.

Y por otro lado están los que no protestan pero que debaten sobre las protestas. Así podemos ver por la pantalla chica un despliegue de debates. Se debate sobre si está bien o mal adelantar los comicios, si la ley de radiodifusión atenta contra la libertad de expresión, si hay que eliminar las retenciones a la exportación de granos, si la pena de muerte es una solución para el tan preocupante tema de la inseguridad.

Y así estamos, debatiendo y protestando; nosotros, los que podemos hablar. Porque hay otros que no pueden.

Están como ausentes. Pero no siempre. A veces nos acordamos de ellos, cuando roban, cuando secuestran o cuando matan. Y ahí se vuelven presentes. Ahí los vemos, y los odiamos, y les deseamos la muerte.

Pero antes también estaban, antes de convertirse en ladrones y asesinos también existían.

Pero estamos tan inmersos en este enjambre de protestas y debates que no podemos asomar la cabeza y mirar. Mirar y ver que hay otras cuestiones que también ameritan ser debatidas y hay otros que, teniendo aún más derecho a la protesta, callan. Callan porque no hay nadie a quien hablarle, y sabemos que hablar solo es cosa de locos, y locos no están.

Y tanto y tanto debate, resulte lo que resulte, siempre el beneficio alcanzado, si es que hay alguno, será para unos pocos. Como siempre en estas tierras, los beneficios son para algunos, total los otros no se escuchan, ni se ven. Y si cometen algún delito los condenamos, algunos años, pena de muerta, da igual. Total a la condena ya están acostumbrados.

Y nosotros, que tuvimos un poquito más de suerte seguimos debatiendo, enfrentándonos unos con otros, creyendo que defendemos una causa justa. Más justo sería que abriéramos los ojos y miremos, que afinemos el oído y escuchemos. Porque están como ausentes, pero están. Y son más de diecisiete millones de pobres.

Pilar.
20/03/09
(Enviado por Susana Torralbo, 22/03/2009)

1 comentario:

Mercedes Sáenz dijo...

Me gustó mucho el hablar de los ausentes. Afectuosamente. Mercedes Sáenz