domingo, 27 de enero de 2008

HOMENAJE: DON ATA, 100 AÑOS


Por Patricio Féminis
Publicado en Revista Sudestada Nro.44

De Atahualpa, el mayor trashumante que pisó estas tierras, se desconocen no sólo el misterio que encierra su obra, sino sus pesares cotidianos, la obsesión que lo arrastró incansablemente por los escenarios del mundo. Aferrado a su guitarra y sus vivencias, ajeno a cualquier encasillamiento, su historia y su canto se proyectan hacia Latinoamérica. Opinan Juan Falú, Roberto Chavero, Pedro Aznar y José Ceña.


Encorvado sobre la mesa de su habitación en París, entrada la madrugada, Julio Cortázar no se sentía conforme con el tono del texto que pensaba enviar por carta al día siguiente. Mareado de sueño, dudaba, no le convencían las frases, le parecían sin cadencia. “El árbol ya cortado, no lo claves en tierra, porque su copa seca no atraerá a los pájaros. Al río que discurre, no le levantes diques... al hombre desterrado no le hables de su casa; la verdadera patria, caro lo está pagando. El río, el hombre, el árbol, caro lo están pagando”, terminó Julio de leerse, y agregó dos palabras para completar la idea. Ahora sí, se dijo, más o menos, podía gustarle al maestro.

“Estimado Don Ata, le mando esta pavadita que me surgió sin pensar, como me salen a veces las cosas, desde que llegué aquí...”, mintió Julio, algo ansioso, los ojos achinados, mientras finalizaba las breves líneas. Firmó en un solo trazo y dobló la carta cuatro veces, alisando cada uno de los bordes con el pulgar. Tomó el sobre de papel madera, la guardó dentro y se arrojó pesadamente sobre la cama. A través de la ventana sucia, la noche parisina se veía repleta de luces. Contó con la mente, en apenas un instante de silencio, los minutos que lo separaban del barrio Mont-Rouge, donde vivía Atahualpa, cuando no andaba de viaje por el mundo: fue perdiéndose en cada una de las calles, con los ojos cerrados, imaginando el ruido de sus zapatos sobre el empedrado, los correteos por las transversales. Repentinamente, saltó de la cama en busca del sobre, y en un movimiento se lo acercó a los ojos: en el destinatario, se dio cuenta Julio, había escrito otra cosa: la dirección de la que había sido su casa en Buenos Aires, antes del exilio, una década atrás. Rompió el sobre de un tirón, releyó su poema y volvió a la cama. Se lo llevaría personalmente.

“Se debería contar la historia cultural argentina de un modo más interesante, como la vida de Gustavo Leguizamón o Atahualpa Yupanqui, que pusieron en cuestión o como problema en sus músicas y letras al mismo país, este enigma que llamamos Argentina”, declaró hace un año la cantante Liliana Herrero. Ese enigma, o una parte decisiva de él, es el mismo Yupanqui, el poeta nacido en Pergamino en 1908. La honda mirada, que abarcó varias culturas en su guitarra y miles de canciones, y se volvió el mayor referente del folklore argentino. El hombre, que denunció los pesares de la tierra y fue presa del exilio constante. La palabra, aún desconocida: a lo largo de entrevistas y onomásticos, se vuelve sobre Atahualpa; se amontonan citas, frases hechas, homenajes. Aseguran que perdura en la memoria del pueblo, pero hoy sólo se percibe una débil luz, una tibia presencia. En el imaginario social, el aporte de Yupanqui al desarrollo de una música plenamente popular, se erige como un espectro borroso, una rápida excusa al silencio, siempre lejos de la historia que protagonizó. El olvido, como un camino lleno de pozos, se le apareció en la vida de Atahualpa casi en forma constante, se le metió bajo los pies y amenazó con interrumpirle el rumbo. Y él siguió, con paciente inquietud, a caballo de una búsqueda, un deseo libertario. Ajeno a todos. “Donde sienta un chiflido amistoso, ahí me apeo, doy las gracias y pelo la guitarra. Si nada me dicen, sigo caminando, que es quizá el signo determinante de mi destino: caminar, caminar siempre. El hombre anda sobre la tierra. Y cuando se siente muy cansado, busca refugio debajo de ella”.

Cuando todavía era Héctor Chavero, pasó su juventud de pueblo en pueblo, por los Valles Calchaquíes, Jujuy, Tucumán. Su obsesión era entender el sentir del hombre americano: allí estaba la raíz, el devenir de los pueblos. Tierra adentro, trabajó en la zafra, en las minas, en la cosecha: sin destino, había entendido del dolor del indio, una de las mitades de su rostro. Los recuerdos, sabía, volverían en forma de coplas y era urgente robarle tiempo al tiempo para darles forma. “Además de los viajes que hizo, por la huella de las diferentes expresiones musicales en las cinco regiones musicales de la Argentina, se fue encontrando con culturas, hábitos, leyendas. Él no solamente iba a buscar; además estaba ofreciendo”, explica el músico José Ceña. Esas historias lo perseguían, le robaban el sueño, y él las recibía, las entonaba, les buscaba palabras. “Dicen que lo que yo hago es poesía. Vaya a saber: lo que procuro es incorporar mi voz a las viejas voces populares, en lo posible, imitándolas porque me encanta esa forma de decir del argentino que fue mi abuelo y el abuelo de mucha gente; esa levadura de pueblo de poquito antes de aparecer el siglo. Eso procuro decirlo a mi manera”, explicaba Yupanqui.

Versos en la penumbra

De chango, allá en Roca -provincia de Buenos Aires-, su padre lo llevaba de un lado a otro por su trabajo en el ferrocarril: él lo obsrvaba e imitaba sus gestos, su mirada altiva, sus silencios como puestas de sol. Héctor revolvía con avidez los dos baúles llenos de libros, en donde había obras de Schopenhauer, el Inca Garcilaso, Echeverría, Alberdi, José María Arguedas. Eran incontables los volúmenes: él los revisaba, los dejaba acumularse, se le encendían en las manos. Se dejaba seducir por las líneas interminables; incorporaba las inflexiones, los cambios de ritmo, cada palabra nueva. De los baúles nacían historias, reflexiones sobre el hombre que repensaba durante horas, extrañamente parecidas a las de los criollos del pueblo. Se le pegaban en la piel los versos, y Héctor oía las páginas. “Todo lo iba tomando de un puñado de libros que tenía mi padre, que no se podía decir que llegaran a ser una biblioteca -escribió, años después-. Leía, sin sistema ni mucho orden, lo que el mundo iba escribiendo. Pero se terminaba todo cuando oía una guitarra, tocada por un paisano o por alguien que pasaba por el pueblo ganándose la vida”.

“Fuiiii, véngase para acá”, chifló su padre, y Héctor se disculpó, salió corriendo y atravesó las vías. Detrás suyo seguían cantando y bebiendo; las coplas parecían murmullos en la noche. En su habitación, abrió el baúl y leyó en voz alta, con las milongas todavía frescas en su mente. Se recostó en la cama, y las páginas amarillentas se multiplicaron en sus ojos celestes. Afuera, pensaba, estaban diciendo las mismas cosas. “Cantaban de noche y sólo algunas veces me llevaba mi padre, a las nueve. A la diez, cuando se estaba poniendo linda la reunión -yo tendría siete, ocho años-, a volar para casa. Y en casa yo tocaba la guitarra con dos cuerditas y me daba los conciertos para mí solo”.

La guitarra le hablaba, intuía Héctor; ella no lo esperaba; comenzaba a vibrar la madera y sus dedos obedecían, obscenos y cómplices. Aferraba su guitarra como una cuna, inmensa, y se iba en ella, sentía que se mecía debajo suyo, y no podía dejar de temblar. La aferraba con firmeza, se desperezaba y no temía desquitarse con ella. En eso recordaba, plantaba la guitarra a un costado, contra la pared, y se concedía un viaje con la mente, de vuelta hacia la calle. “Mientras a lo largo de los campos se extendía la sombra del crepúsculo -recordó en el ’64, en su libro El canto del viento-, las guitarras de la pampa comenzaban su antigua brujería (...) con sus historias de duelos criollos, de rebenques fatales, de carrera brava, de malones y cautivas, de caballos moros y bayos, con sus trovas de amor galano, donde campeaba el eco de la literatura del siglo XVIII. Pasaban los cantores con sus voces, con sus versos fuertes, plenos de rebeldía, fustigadores de toda injusticia. Letras que denunciaban el abuso y la explotación del pobrerío”.

No se animaba a decirlo, a buscar la palabra justa que detuviera sus ideas, a pronunciarlas en voz alta; apenas sabía cómo ubicar esos pensamientos en su boca. Algo indescifrable, entendía, casi oculto. ¿Para qué, por qué razón volver ruido un reguero de sensaciones? No se le ocurría cómo, y elaboraba frases con la mente, las dejaba hacer, las esperaba. No toleraba las dudas, repetía para sí, mientras templaba la guitarra de nuevo. Si la certeza del silencio colma el silencio, razonaba: la guitarra parecía oler a roble, y las voces de la noche volvían en una travesía libre, cuando menos las esperaba...

Al alba

El tren se zarandeaba y los pastizales se encimaban contra las ventanas, como si fueran a meterse dentro. Héctor temblaba aferraba la mano de su padre, quien lo calmaba con historias de otros hombres, de voces antiguas, tal vez, viejos amigos suyos. Allá en el País Vasco, narraba, la euforia recorría las ciudad de tanto en tanto, las mujeres y sus novios iban de la mano y la historia se aceleraba; los obreros y los campesinos desfilaban por las calles: se miraban, en silencio, o mantenían la vista al horizonte. El tren aumentaba su marcha y Héctor pensaba, meditaba los recuerdos de su abuelo que le contaba su padre, y no podía dejar de temblar: allá afuera estaba el monte, mudo, oscuro. No sabía si llegaban a Santiago, a San Miguel de Tucumán, pero el cosquilleo le subía por las piernas. La mano de su padre sobre su hombro era demasiado pesada pero no dijo nada, sin interrumpir, y marcó un ritmo con dos dedos, sobre el asiento demacrado.

“Por un tiempo, nomás”, le había dicho su familia. Fueron 15 años los que Héctor Chavero pasó en Raco, Tucumán, con su familia, lejos de aquellas voces pampeanas que habían sido su universo, su obsesión cotidiana, su primera escuela. Era agosto de 1917, y Héctor se mimetizaba con esos paisajes novedosos, con los sonidos que creía escuchar allá afuera, en la tarde desconocida, confundidos con el traqueteo del tren. En El canto del viento, repasando aquella época, escribió: “Cuando apuntó el alba, la tierra tucumana, como adivinando todo el amor que habría de despertar en mí, tendía sus praderas verdes, idealizaba el azul de sus montañas y levantaba su mundo de cañaverales para recibir a un chango de escasos diez años, que llegaba desde la lejana pampa (...) con el corazón ardiendo como una brasa en el pecho, y una pequeña guitarra en la que florecía tímidamente una vidalita”.

¿Adónde iba?, Héctor no lo sabía. Se mimetizaba con el paisaje, con los sonidos que emergían ya en la ruta y lo arrastraban por cada calle, en donde encontraba ritmos y voces. Sentía pudor, antes que fervor, por los misterios de la tierra. La idea de patria, que venía madurando hacía tiempo, le resultaba un puente hacia los antepasados, todos paisanos. “Cuando uno hace mención a cosas importantes en la vida de un artista de su trascendencia, piensa en detalles importantes. Y quizás son pequeños detalles. En Yupanqui, eran todos detalles de la vida rural”, define el músico José Ceña.

Ya convertido en Atahualpa Yupanqui, no olvidaría a sus maestros, hermanado a otras culturas. “Me gustaba la pampa sin alambrado. Eso fue creando en mí un infinito horizonte de libertad, donde no hay valla que detenga el viento”, describía Atahualpa. Cuando regresó a Tucumán a fines de los ’30, la Segunda Guerra Mundial estallaba en Europa, y Yupanqui no demoró en declararse en contra del fascismo, al que no veía tan lejano. Al llegar a Raco, sufrió un desencanto con los estancieros, con quienes había compartido viejas y largas tardes: “Entonces me doy cuenta que la intención era no facilitarme la llegada a mi pobre rancho de las cumbres de Raco -contó-. Era un descuidar la amistad, fastidio, repudio a mi condición de criollo. Ellos se sentían muy argentinos, muy partidarios de Facundo y de Juan Manuel de Rosas. Por ese lado, rumbiaban ellos. A mí no me molestaba. Yo estaba con el pueblo, con el más golpeado, con el que tenía alpargatas y muchos sueños”.

Ya de noche, abandonó su caballo monte arriba, luego de un rodeo por un camino empinado. Cuando llegó, recuperó su máquina de escribir y jamás regresó a Raco. “Queda en mi memoria, como un viejo, torturado y dulcísimo recuerdo”, confesó después. Dos zambas, Viene clareando, y La añera, reflejaron esa época: volvía Atahualpa a los caminos, desasido de lealtades, siempre en marcha. Con sus penas se alejaba, el hambre otra vez recorriéndole los labios, inmerso en una época en que el fuego, como la sangre en Europa, corrían demasiado rápido.

En sus viajes por el Noroeste, Yupanqui había palpado la miseria de los obreros de los ingenios, los indios privados de su identidad. Las injusticias que había visto, junto a la irrupción del fascismo en Europa, habían modificado la idea que tenía de lo nacional. Cada vez más a la izquierda, buscaba un lugar para materializar sus ansias libertarias. Veía que nuevas voces sostenían el ritmo de la historia: todavía resonaba la caída de la España republicana en manos del fascismo, y el espíritu bélico andaba demasiado cerca. La libertad era una búsqueda permanente, entendía Atahualpa, y tomaba conciencia de que la persecución iba a ser su sombra. “Él sabía que su principal escucha era el hombre común, y decía: ‘si yo estoy en un rancho guitarreando con los paisanos, nadie va a decir estamos entre gauchos, porque es redundar sobre una circunstancia cabal’. Yupanqui era consciente de esto, y le produjo un gran sufrimiento”, explica Ceña...

La nota completa en la edición gráfica de Sudestada Nº44 - Noviembre de 2005
http://www.revistasudestada.com.ar/



LOS HERMANOS
Milonga
(A. Yupanqui- Pablo del Cerro)

Yo tengo tantos hermanos
que no los puedo contar.
En el valle, la montaña,
en la pampa y en el mar.

Cada cual con sus trabajos,
con sus sueños, cada cual.
Con la esperanza adelante,
con los recuerdos detrás.

Yo tengo tantos hermanos
que no los puedo contar.

Gente de mano caliente
por eso de la amistad,
Con uno lloro, pa llorarlo,
con un rezo pa rezar.
Con un horizonte abierto
que siempre está más allá.
Y esa fuerza pa buscarlo
con tesón y voluntad.

Cuando parece más cerca
es cuando se aleja más.
Yo tengo tantos hermanos
que no los puedo contar.

Y así seguimos andando
curtidos de soledad.
Nos perdemos por el mundo,
nos volvemos a encontrar.

Y así nos reconocemos
por el lejano mirar,
por la copla que mordemos,
semilla de inmensidad.

Y así, seguimos andando
curtidos de soledad.
Y en nosotros nuestros muertos
pa que nadie quede atrás.

Yo tengo tantos hermanos
que no los puedo contar,
y una novia muy hermosa
que se llama ¡Libertad!

Entrevistas: León Gieco en Cosquín

Imagen: Gustavo Mujica



“Me gusta entender a John Lennon y a Yupanqui”

En la Próspero Molina reunió pasado, presente y futuro: homenajeó a sus referentes del folklore y se rodeó de sus “ahijados” artísticos. León cuenta que Cosquín es parte de su historia, del mismo modo que el rock. “Yo de chico escuchaba a Los Chalchaleros y a Los Beatles, y veía que no hay contradicción en eso”, señala.



Por Karina Micheletto
desde Cosquín para "Página/12"
Ya es un clásico: en este festival, León Gieco es la figura instalada más ajena al ámbito estrictamente folklórico, uno que a priori podría ser percibido como de otro palo entre los puristas del género, y sin embargo cada actuación suya –siempre diferente, siempre especialmente preparada– es recibida con la naturalidad y el entusiasmo que confirman que eso de las murallas entre los géneros es cosa de sordos. Gieco levanta la plaza cada vez que pisa Cosquín, y ésta no fue la excepción, en un show con el que fue tejiendo homenajes a imprescindibles del folklore (ver aparte). Eso sí: el eje de sus actuaciones en la Próspero Molina (que elige programar tarde, fuera del horario televisivo, para evitar las restricciones de la pantalla) está siempre bien centrado en el folklore. Eso, dice, es lo que le sale hacer, por respeto a un escenario que define como “bendecido” por todos los grandes que lo pisaron.
“Me cuesta mucho tocar rock”, acepta en la entrevista con Página/12, ya relajado en el caserón de estilo árabe donde visita amigos, todo un mojón de otros tiempos en medio de las sierras. “Este festival me enseñó mucho de folklore. No podría llegar acá con los espectáculos de los discos. Y me encanta preparar cosas especiales para Cosquín, porque después quedan; en el momento es una exigencia, pero después suma.”
Así que ahora Gieco llegó a la Próspero Molina con un espectáculo en el que cada tema homenajeaba a un referente: Leda Valladares, Gustavo “Cuchi” Leguizamón, Jorge Cafrune, Sixto Palavecino, Alfredo Zitarrosa, Antonio Tormo, María Elena Walsh, Víctor Jara, Eduardo Mateo. Y, por supuesto, a Atahualpa Yupanqui, a pocos días de cumplirse su centenario. Como siempre, se rodeó de figuras a las que de algún modo presta su “padrinazgo”: el armoniquista rosarino Franco Luciani, la coscoína Paola Bernal, la uruguaya Ana Prada, la santafesina Mariel Trimaglio, Abel Pintos. Una suerte de guardia joven en representación del presente de la música popular, que terminó cantando a coro con Gieco, sobre las seis de la mañana, “Sólo le pido a Dios”.
“Para mí, Cosquín no es de ningún modo un escenario más: tiene que ver con mi historia”, define León. “Cuando era chico me compraba una vez por mes la revista Folklore, y era un festín la Folklore de febrero, porque salía todo lo que había pasado en Cosquín. Más allá de sus defectos, hoy se sigue manteniendo como el festival de folklore. Me emociona lo que pasa acá, es totalmente diferente a otros festivales. El espectáculo más emotivo, obviamente, es el que se ve en la calle, en los lugares donde se come, en las peñas. Ahí es donde se arma el tuco. Y como artista uno también vive esa mística de los camarines, que es bárbara.”
–¿Por ejemplo?
–El primer día que llegué a los camarines de Cosquín para mí fue una emoción total, estaba como shockeado. A la primera que vi fue a Ramona Galarza, yo estaba enamoradísimo de ella. Sin pensarlo mucho fui y la abracé. “¿Y vos quién sos?”, me dijo. Tuve que explicarle. Con los años fueron muchos los encuentros con admirados del folklore en el backstage.
–¿Qué recuerda de su primera vez en Cosquín?
–Yo llegué acá presentado por Mercedes Sosa, en el ’86. Ella me dijo: “Mirá, nene, a mí a Cosquín me invitó por primera vez Cafrune, yo voy a ser la primera que te invite a vos”. Pero en realidad mi primera vez en la plaza fue en la Cacharpaya, que ni sabía lo que era. Había llegado la noche anterior a tocar con Mercedes, y empecé a escuchar música fuerte, bajé para decirle al tipo del hotel que quería dormir. Me explicó: es la Cacharpaya, tocan grupos desconocidos y la gente se queda ahí hasta el amanecer. Agarré la viola y me fui a la plaza: toqué una hora.
–¿Qué relación tenía con Mercedes Sosa?
–De gran admiración, por supuesto. El día que me invitó a Cosquín hasta me quiso pagar por mi trabajo. Yo le dije que en todo caso le tenía que pagar yo a ella. Con Mercedes tengo una relación maravillosa, es asombroso tenerla como amiga, para charlar. Eso sí, ¡tenés que seguirle el hilo! Es que salta de tema en tema porque tiene tanto para contar, tanta vida vivida, que su mente va más rápido que las palabras. Me acuerdo de un concierto en Ferro, donde cantó rodeada de Silvio Rodríguez, Julia Zenko, Charly, Baglietto, yo... ¿Y a quién más invitó? A los Illya Kuryaki. Cuando vi a esos pibes saltándole alrededor, y ella cantando “Argentos de cemento”, dije: no, a esta mina no hay con qué darle. ¡Está loca, mucho más que nosotros! ¡Y sin consumir nada!
–También fue Mercedes la que trajo a Charly García a Cosquín.
–Sí, y fue genial de su parte. Y salió a bancarlo. Yo mismo escuché a un folklorista decir: “¿Qué pasa en Cosquín que ahora van los drogadictos...?”. ¡Por favor, como si Charly no hiciese folklore, o no hiciese tango!
–Los tiempos parecen haber cambiado. Ahora en Cosquín toca Divididos y no se escuchan cuestionamientos por su procedencia rockera.
–Me encanta que vengan. Primero, porque no me siento solo: ellos también van a hacer Cosquín Rock y Cosquín Folklore, como yo. Y se lo merecen porque hacen mucho folklore, y muy bueno. La versión de “Los ejes de mi carreta”, por ejemplo, es tremenda. Me la hizo escuchar por primera vez Lalo Mir en el Pucará de Tilcara. Me largué a llorar.
–Para muchos jóvenes que empiezan en el folklore, usted es el eslabón de referencia, la conexión entre los diferentes géneros que escuchan y los influye. ¿Lo siente como una responsabilidad?
–Ninguna, para mí es natural. De chico escuchaba a Los Chalchaleros y a Los Beatles, y veía que no había contradicción en eso. Y a esta altura me gusta entender a Yupanqui y a Lennon, y creo que si se hubiesen encontrado se hubiesen cagado de risa. Además, yo siento que estos personajes del folklore me vienen a proteger y a bendecir el escenario. No lo siento como un compromiso en el sentido de “te voy a mostrar a este que es del palo del folklore”. No. Yo mientras tenga imágenes del Cuchi Leguizamón, o de Sixto Palavecino, o de Atahualpa, en el escenario, estoy salvado. El problema sería si algún día lo tengo a Ricardo Montaner, ¿no?

Fuente: Diario "Página/12", 22/01/2008
© 2000-2008 www.pagina12.com.ar República ArgentinaTodos los Derechos Reservados
www.pagina12.com.ar

Estudiantes de periodismo: ¿Y entonces, qué hacemos?



Del libro “Entre el deseo y la realidad” del Observatorio de Medios-UTPBA


Desde Buenos Aires (Argentina) 24 de enero de 2008
Buenos Aires, 24 de enero (Por Juan José Panno, ANC-UTPBA).-
Los jóvenes estudiantes de periodismo suelen plantear en las primeras clases como una fantasía colectiva el temor a tener que escribir o hablar en contra de sus conciencias. Muchos hasta suponen que cuando lleguen a un medio se cruzarán con una especie de monstruoso jefe de redacción que les va a dar una especie de bando con la lista de todos los temas y los personajes intocables y con un jefe de correctores que les va a tachar con un lápiz rojo cada uno de los conceptos que pueda afectar los intereses del medio para ver en cuál trabajan. Desde una perspectiva ética lo más sano es que existan estas y otras prevenciones parecidas. La mayoría de estos prejuicios no se corresponde con la realidad porque como se sabe, la dinámica y los mecanismos de la censura son por lo generales más sutiles, pero siempre es mejor una mirada crítica que otra que haga descansar al oficio del periodismo sobre lechos sembrados de éxito, fama, dinero y rosas. Por todo eso está muy bien que los jóvenes se pregunten por los límites de la libertad de expresión, el derecho a la información y la publicación de lo que creen que es su verdad.

El razonamiento surge casi naturalmente:
Si los diarios A, B, C y D, las radios A, B, C y D, los canales de televisión A, B, C y D y las agencias de noticias A, B, C y D privilegian sus intereses económicos por sobre los éticos…
Si los dueños del diario A son también los dueños de la radio B, el canal C y la agencia D Uniformando esos intereses comerciales…
Si el diario C tiene acuerdos políticos y económicos con el gobierno de turno y no le ofrece espacios a la oposición…
Si el diario B está financiado por la oposición y por lo tanto cuestiona hasta el más mínimo acto del gobierno de turno…
Si el diario E, que se proclama independiente, no puede sobrevivir porque no entra en las pautas publicitarias oficiales…
Si el diario F para sobrevivir y no quedar afuera del sistema aliviana su independencia…
Si la agencia del Estado, el canal del Estado y la radio del Estado responden a los funcionarios del gobierno y no a los ciudadanos…
Si los dueños de los medios lanzan permanentes mensajes subliminales que hacen sobrevolar el temor a tocar temas que puedan afectar los compromisos políticos, ideológicos, religiosos, sociales y económicos de los medios…
Si perder un trabajo implica perder cinco o seis dada la concentración de poder de los medios, con lo cual ciertos veteranos desgastados aconsejan pensar dos veces cada línea que se escribe…
Si entretener es la prioridad y los preceptos básicos, aquello de informar, orientar e instruir quedan relegados a segundos o terceros planos…
Si pasa todo esto que aquí se plantea a modo de simple y brutal síntesis, no parece haber otro camino que el de la resignación y el fatalismo…
Sin embargo, existen atajos y rutas alternativas que requieren de ingenio, imaginación, una buena preparación, vocación de servicio y la convicción de que hay cosas que deben cambiarse…
El prestigio ganado a partir de la inteligencia para fundamentar una idea evitando el panfleto ofrece a los buenos analistas y a los investigadores serios la posibilidad de encontrar, aun en los medios de comunicación masiva, algunos intersticios a través de los cuales pueden denunciar hechos que atentan contra los sectores sociales más marginados.
Los nombres de Osvaldo Bayer, Juan Gelman, Oscar Raúl Cardoso, Susana Viau, Ezequiel Fernández Moores, Stella Calloni, Daniel Vilá, Luis Bilbao, como antes lo fueron los de Rodolfo Walsh, Enrique Raab y casi todos los escribas desaparecidos son algunos puntos de referencia insoslayables cuando se buscan ejemplos de quienes confrontan con el poder y logran sacudir el pesimismo que genera la simple descripción de las corrientes.
Internet -a pesar de que la autopistas informáticas están controladas por el poder económico multinacional- y no tiene un carácter democrático, dado que no es de acceso libre para todo el mundo, también ofrece espacio través de los cuales se puede generar un discurso al servicio de los sectores más carenciados. La creciente aparición de blogs periodísticos que llegan a publicar investigaciones serias que no tienen cabida en los grandes medios, contrasta con la basura que normalmente circula en la red y que idiotiza tal como le conviene a los dueños de la pelota informática.
Las radios y los periódicos comunitarios, los proyectos como los de La Tribu o espacios como los que ofrece el Periódico de la UTPBA también aparecen en el horizonte como posibles canales para quienes se apasionan con el derecho a informar y ser informado.
Alguna vez dijo con toda razón el poeta y periodista desaparecido Roberto Santoro que para cambiar las cosas “no se trata de ser optimistas sino apasionados”.

Fuente: http://www.utpba.net/

Vicente Zito Lema: El robo de las palabras


24/01/08
Por Vicente Zito Lema
(APe).-
Desde hace un tiempo, cuya medida exacta se pierde en un mar de calamidades, heridas sobre heridas sin tiempo a cicatrizar, hemos dejado de sentir los pies firmes sobre la tierra. Como si nada profundo nos perteneciera. Desnudos ante el espejo nadie mira por nosotros; no se juzgan los concretos actos del bien y del mal, y se naturaliza la banalidad.
Pareciera que todo lo profundo huye del ser. La única certeza es que el mundo en que vivimos sigue siendo terriblemente cruel y su falta de sentido se repite sin respuestas.
Movidos, conmovidos, también sujetados por semejante realidad, uno siente que va de aquí para allá en los juegos del aire, que el destino decide en soledad, y que la liviandad del vínculo con el otro se convierte en una huella sobre nuestra propia sombra.
Por eso tenemos de pronto la necesidad de un distanciamiento. Sumergirnos en los sueños del ayer, en esa materia tan fugaz, nos tranquiliza.
En la otra orilla está el futuro, depositar allí la perfección inevitable de la historia, se convierte en un dulce consuelo.
Sin embargo el presente existe, como un monstruo de mil brazos nos da golpes en el rostro y luego nos abandona con extrema frialdad.
Tengo ante mí un torbellino de imágenes y situaciones. Elijo una, la infancia, acaso porque sigo convencido que allí yace la verdad, que todo lo demás que ocurre en nuestras vidas no escapa del momento en que ella es fundada.
Confieso que he tenido un privilegio. Palabras y palabras, como aguas de río, de mar y de océano, me fueron dadas con amor en la infancia de mis primeros recuerdos.
Confieso que tengo una esperanza, de ella hablaba el entrañable Julio Cortazar: habrá un mañana en que todas las palabras estarán en todas las bocas, y entonces la muerte ya no tendrá poder.
He ahí el cielo, perfecto, inmutable en su eternidad, mientras el viento del presente se empeña en colarse por las rendijas de la ventana.
Salgo entonces a la calle, para enfrentar sin más vueltas la cara de la realidad. Lo que veo me espanta: miles y miles de niños se han quedado sin palabras. (De allí en más el alma se extravía sin cuerpo, la conciencia ha perdido el espacio de su materialidad.)
Las palabras (digamos la educación, porque la esencia de la educación es la palabra, que a su vez sostiene el pensamiento), también ahora se cotizan en bolsa: valen más que la tonelada de soja, el barril de petróleo o la onza de oro.
Bien se sabe: el crimen de la pobreza tampoco perdona a las palabras. Más aún, las pervierte y humilla, al quitarlas del uso originario, amoroso y de bien público, y convertirlas en una mercancía, en un valor que se acumula, en un arma privilegiada para dominar, vigilar y castigar.
Se las arrebata de los labios del más desdichado. (¡Vengo a denunciar un robo! ¡Se abusaron de su fragilidad!)
Se las arrebata del corazón de la necesidad. (¡La muerte es la madre de la justicia! ¡Por eso la justicia se sienta a la diestra del Poder!)
¿Qué harán hoy sin palabras los niños que puestos fuera de las palabras -con cruento dolo y organizada violencia-, no tienen recuerdos ni tendrán la obstinación de la historia? (Tienen gritos, maldiciones, hambre, dolor, odio, silencio...; falta la palabra que da sentido a todo ello, y pide rendición de cuentas por todo ello.)
¿Qué harán sin palabras los niños cuando los cielos, los dioses y los hombres cierran los ojos, cierran la boca, cierran la vida?

Fuente: Agencia de Noticias "Pelota de Trapo"
http://www.pelotadetrapo.org.ar/

Hebe de Bonafini: "Vamos a llevar vida a la ESMA"

Imagen: Pablo Piovano


El próximo jueves, las Madres de Plaza de Mayo comenzarán los trabajos para abrir un centro cultural en donde funcionó el Liceo de la ESMA. En esta entrevista, Hebe de Bonafini explica sus planes y asegura que no le molestan las críticas. “Las Madres siempre pensamos distinto.”

Son más de las ocho de la noche de un viernes nublado. En su casa de La Plata, Hebe de Bonafini se despide amablemente de “los chicos” que están filmando “las cosas que hice durante el día”, algo parecido a “Un día en la vida de...”. En medio de la entrevista con Página/12, los ladridos de Matilde interrumpen el diálogo con la presidenta de Madres de Plaza de Mayo. La cocker de ocho años se pelea con el gato de los vecinos porque “en territorio de ella no quiere que entre nadie”. Bonafini habla con entusiasmo de su proyecto más inmediato: “El desembarco” en la ESMA, donde piensan “llevar vida a un lugar en el que hubo tanta muerte”. A partir del 31 de enero comenzarán el trabajo para abrir un centro cultural en el ex Liceo Naval Militar. La charla se va por las ramas, va y viene en el tiempo y cuando parece que termina había recorrido las causas por violaciones a los derechos humanos, las deudas pendientes, el caso Febres, la desaparición de López y hasta la relación con el nuevo gobierno porteño

–¿Qué van a hacer en lo que era el Liceo Naval Militar de la ESMA?

–Yo lo llamo desembarco porque es lo que siento. Un lugar tan siniestro, donde desde la fusiladora hasta ahora se prepararon las peores cabezas, los peores asesinos y torturadores como los marinos de la Escuela de Mecánica de la Armada. Hay que mostrar que ahí, en ese mismo lugar se pueden preparar jóvenes para la vida, para la pintura, para el arte, para la cultura, entonces vamos a entrar pintando flores y soles, que son la vida. Vamos a llevar vida adonde hubo tanta muerte. La vamos a ir a limpiar para que esté limpio y prolijo y también vamos a convocar a la gente para que lleve flores. El 31 de enero vamos a desembarcar y después ya vamos a empezar a preparar el centro cultural. Queremos ver si lo podemos inaugurar el 30 de abril.

–Otros organismos de derechos humanos critican la idea de modificar el predio y piensan que debe quedar intacto como Auschwitz.

–Cada uno, como es grande, puede hacer lo quiere. Hay muchos lugares, cada uno puede pedir y hacer lo que se le canta en cada lugar. Pedimos ese lugar para hacer lo que queremos las Madres porque nuestro pensamiento es diferente a todos. Nosotros no damos por muertos a nuestros hijos, no firmamos la muerte, no estamos de acuerdo con los cementerios, no estamos de acuerdo con ese monumento que se hizo al borde del río, nos parece de terror. No estamos de acuerdo con los museos si el museo no es completo. Nosotros tenemos nuestra forma de ver la vida y esa forma de ver la vida la queremos poner ahí. Por eso va a haber un centro cultural, maravilloso y espectacular, que lo va a dirigir Teresa Parodi.

–¿Cómo va a ser el centro cultural?

–Después del 4 de febrero vamos a hacer una reunión con 10 o 15 personas muy conocidas para pedirles consejo y opinión. Yo voy sumando opiniones para que sea lindo y sobre todo para que sea un gran agradecimiento al presidente Kirchner, que sin él no hubiera sido posible esto. Vamos a hacer escuelas de arte, primarias, secundarias, va a haber de todo. Por ahora un centro cultural para enseñar haciendo. Queremos que Teresa lo dirija, darle oportunidad a los que no tienen oportunidad en ningún lado y traer gente de las diferentes provincias.

–¿Cuáles son las deudas pendientes respecto de los derechos humanos?

–Los juicios hay que acelerarlos cambiando los jueces y los fiscales que no sirven porque si no los juicios van a durar 30 años más. Y hacerle caso al ex presidente o ahora a la Presidenta para que vayan a cárceles comunes, que no estén en cárceles privilegiadas. Ya, ahora. Acelerar los juicios y cambiar los jueces es una deuda grande. Parece que los jueces están atornillados, que son jueces para siempre. Hay que sacarlos con juicio político.

–¿La muerte de Febres la ve desde esa perspectiva?

–A Febres lo mataron y va a haber otro que hable y también lo van a tener que matar. No quieren que la gente hable. El iba a hablar, él lo dijo. Lo que pasa es que se van a tener que matar entre ellos porque todos saben lo que pasó. Hasta que lleguen los juicios y que no se los apriete. Lo que pasa es que tenemos que seguir llevando nosotros pruebas y testigos y uno ya está un poco cansado. Sentís que es como una burla seguir llevando testigos y papeles y papeles...

–Algunos organismos critican a la Secretaría de Derechos Humanos porque si bien se constituyó como querellante en muchas causas, siguen siendo ellos los que impulsan las medidas en Tribunales.

–Nosotros hace 30 años que llevamos papeles y testigos y juicios y cosas pero yo siempre digo: tienen que ser ellos (los represores) los que ahora digan que son inocentes. Ellos son los que tienen que comprobar que son inocentes. (Los ladridos de Matilde terminan la respuesta).

–Actualmente se denuncian violaciones a los derechos humanos, como por ejemplo la situación de los presos en las cárceles...

–Eso es terrible, terrible, terrible. Parece que es un mundo aparte, que nadie le puede meter la mano. Por más denuncias –y muy buenas– que han hecho las organizaciones, no pasa nada. Se denuncia, se habla, se dice pero queda todo ahí. Los tipos que dirigen las cárceles del Servicio Penitenciario son los dueños de la vida y de la muerte de la gente. La policía de la provincia es la peor, la que tortura, la que te pega, la que te caga a palos, la que les prende fuego, la que los mata. Las cárceles de todas las provincias son terribles. Ya vimos lo que pasó en Santiago. Ellos viven de eso, coimean, venden la droga por zapatillas por comida, por lo que venga... los meten a los presos en todo, después se llevan todo para la casa. Lo que le dan a los presos es lo que juntan del suelo. La comida que va a las cárceles es buena comida pero se la llevan ellos.

Es terrible la cantidad de gente que está procesada sin condena y queda años y años en la cárcel. Eso hasta ahora nadie le ha podido meter la mano, no se por qué. Hay que poner a alguien que tenga bastantes agallas. Faltan agallas, ¿no?

–¿Cómo es la relación con el nuevo gobierno porteño?

–En la ciudad de Buenos Aires hay gente potable y hay gente que es como el agua envenenada, pero no sé qué va a pasar. Hay gente que no nos quiere para nada, que son totalmente enemigos de las Madres. Vamos a seguir trabajando con el gobierno nacional todo lo que podamos pero todavía hay cosas que están colgadas con la ciudad. Vamos a seguir trabajando y no vamos a parar las obras.

–¿Tuvieron alguna reunión con algún funcionario de la ciudad?

–Los que conversan son los contadores, la gente que está trabajando. Pero uno tiene una especie de olfato de que no quieren saber nada, y nosotros tampoco, pero tenemos trabajos que no están terminados, como Los Piletones.

–¿Qué reflexión le merece que ya se hayan cumplido 17 meses de la desaparición de Jorge Julio López?

–Yo lo que creo es que la desaparición de Julio López, la muerte del maestro de Neuquén (Carlos Fuentealba), la muerte de Febres, son todas las deudas que tiene la Justicia con la sociedad, con todos nosotros. Hay que poner en prisión a los responsables directos y a los que mandaron a cometer el crimen o los secuestros y eso está verde.

–Pero en su momento había hecho declaraciones muy controvertidas sobre López...

–Siempre mis declaraciones causan espanto. Además, yo no hice declaraciones hice preguntas y mis preguntas vuelven loca a la gente. Pero bueno, ya está.

–Bueno, gracias por su tiempo...

–Antes que nada quiero terminar con otra cosa. Lo importante es que las Madres estamos haciendo lo que queremos hacer que es vivienda, educación, formación y el derecho a la vida.

Entrevista: Sebastián Abrevaya.
Fuente: Diario "Página/12", 27/01/2008
© 2000-2008 http://www.pagina12.com.ar/ República ArgentinaTodos los Derechos Reservados

Las cadenas del Estado $hileno

Luisa Calfunao, encadenada, foto: Marcelo Garay Vergara


El conflicto no es mapuche, es del Estado $hileno contra el Pueblo mapuche. Un Estado que usa a los “indígenas” en su folclor, pero los encadena… Nos da vergüenza ser $hilenas, así como a Dean Reeve, a Alice Walker, y a todas las activistas contra la Guerra rapiña en Vietnam les daba vergüenza ser estadounidenses. Si el pueblo mapuche muere de Dignidad, nosotras nos morimos de vergüenza*…

Un testimonio del periodista Marcelo Garay Vergara**, da cuenta de que Luisa Calfunao, prisionera política mapuche, estuvo casi cuatro meses encadenada en un hospital de Temuco.

Esto porque el Estado chileno, al mando de Michelle Bachelet –socia lista- por medio del tribunal que condenó a Luisa a tres años de prisión, la envió, estando ella completamente lúcida, a la sección de psiquiatría del hospital de Temuco, en octubre de 2007. “Fue custodiada por cuatro gendarmes y debió convivir con pacientes siquiátricos”. Estuvo encadenada con una cadena que pesa, según comprobó el periodista Garay, cerca de tres kilos.

Luisa, esta mujer mapuche que también lucha, fue torturada por Gendarmería de Chile siendo engrillada las 24 horas del día desde octubre a diciembre de 2007. Su hermana, la Lonko Juana Calfunao, también presa política mapuche, fue golpeada brutalmente por Carabineros en la 2ª Comisaría de Temuco en junio de 2004 y la consecuencia de esa tortura fue un aborto contra su voluntad. La casa de Juana fue quemada intencionalmente el 26 de junio de 2004 y dentro de ella murió calcinado su tío Basilio Coñoenao. El 23 de diciembre de 2005, Juana y Luisa Calfunao nuevamente fueron brutalmente golpeadas por la policía en su propia casa, delante de sus hijos e hijas, y de niñas y niños de la comunidad, siendo luego detenidas. La jueza del Tribunal de garantía de Temuco, calificó de ilegales las acciones policiales, ordenó la liberación de las detenidas e instruyó investigar el origen de las heridas y hematomas que ellas presentaban, pero nada de eso se hizo. Al contrario, el 4 de enero de 2006 la policía nuevamente allanó la comunidad, y otra vez encarceló a las hermanas Calfunao, llevándolas a la 3ª Comisaría de Padre Las Casas, donde fueron golpeadas y humilladas una vez más… El esposo de Juana, Antonio Cadin, sus hijos Waikilaf y Jorge, son también presos políticos mapuche y han sido salvajemente torturados. La hija de Juana, Carolina y la madre de Juana y Luisa, Mercedes Paillalef, son hostigadas constantemente.

Héctor Llaitul Carrillanca, otro preso político mapuche del caso Poluco-Pidenco, cada vez que ha sido trasladado a diligencias carcelarias y médicas ha sido engrillado y todas y todos saben que Patricia ha sido engrillada, encadenada y amarrada a su cama del Hospital de Chillán por Gendarmería de Chile.

Pero, no sólo estas mujeres y hombres, ya conocidos por su activismo, consecuencia y lucha son encadenados cada vez. Todo el pueblo mapuche lo es. Las cadenas que engrillan a este pueblo son las más pesadas de todas: despojo, racismo, desprecio, indiferencia y crimen… En los allanamientos a las comunidades, las ñañas son golpeadas en el suelo, pateadas por grupos de pacos –carabineros- violentadores y desclasados que traicionan su origen. Son hechos prisioneros los hombres y las mujeres, y los niños corren indignados y llorando tras el vehículo que se lleva a sus padres y madres. Esos niños y niñas, juntan odio que transformarán en lucha***. Esto NO acaba.

Puede Bachelet y toda su Concertraición de Partidos disque “por la Democracia”, hacer muchas campañas usando “indiecitos”, como en su asquerosa publicidad el exterior: “Chile Somos Todos”, donde coloca como imagen un nacimiento de Jesús con una María, un José y Tres Reyes Magos mapuche. Puede travestirse este Estado, vestirse de mujer, usar faldas, hablar de género y “contra” la Violencia hacia las Mujeres… Sin embargo, ¡NO LE CREEMOS NADA! Sabemos que no renuncian al oro de las trasnacionales y que eso más una pizca de arribismo, clasismo y racismo, tienen funcionando esta guerra rapiña contra el pueblo mapuche.

LA GENTE NO SE VENDE Y NO ES HISTORIA

Alice Walker, escritora afroamericana feminista, premio pulitzer, autora de “Color Púpura” y de “El Templo de mis amigos”, ya denunció en los años 70, que a principios del siglo 20 en EE.UU. colocaban a mujeres negras en los museos del imperio. Mujeres negras vivas. Traidas de África, colocadas en un espacio tipo zoo para que los visitantes se “instruyeran”: así son los negros, son historia y floclor… (Pero no lo son, tienen gente digna como Bárbara Lee, una demócrata californiana afroamericana, que fue la única de los 420 representantes de la Cámara estadounidense, que se opuso a la guerra de Irak).

Al Estado $hileno, pretendiente a desarrollado, también como a EE.UU. le gusta mostrar su exotismo mapuche, o pascuense, o el que sea… Le da lo mismo, mientras se callen y se presten para hacer alguna presentación en los actos diplomáticos.

Es lo que decía Matías Catrileo en un video, antes de ser asesinado: “El gobierno quiere indígenas, pero nosotros no somos indígenas, somos mapuche”.

Y es que, los mapuche no son piezas de museo. Son personas y comunidades pensantes capaces de autogobernarse y autodeterminarse. Las y los mapuche que luchan, no son un dato turístico, son gente de la tierra, digna y libertaria. No se venden por un par de cuotas de poder institucional.

“¿De que se nos acusa?”, pregunta la Chepa desde su huelga de hambre y su dolor, y responde: “De no ceder ante la soberbia del que hoy nos golpea, nos asesina y nos encarcela”.

Así es, justo como dice ella, el Estado chileno es un agresor y como todos los agresores es hipócrita, mentiroso e indiferente. Se hace el buen padre, saca a la guagua a pasear y luego le pega a la madre o la vende como cualquier proxeneta, al mejor postor.

Juana Calfunao percibe el asesinato de la tierra, por eso fue la primera que dijo: “Si la tierra es mujer, con ella se está cometiendo femicidio”. Y es un femicidio de estado que también representa etnocidio. El Femicidio consiste en vender la tierra, el agua, los bosques, en hacer de cafiche de la pachamama, y el gran impedimento para su Trata de la Tierra, son la gente que la defiende: las y los mapuche.

Pero donde hay coligues, coligues nacerán, si cae uno, diez se levantarán… Desde el hospital de Chillan, Patricia Troncoso llama “a todos los hombres y mujeres a que no pierdan la esperanza y a que no renuncien a la justicia y a la construcción de una sociedad mejor”. Y si ella, a 107 días en huelga de hambre, sometida a torturas, nos anima no hay nada que preguntarse, no hay rendición.

*de Carta de feministas argentinas a la Chepa: “Carta abierta a la Chepa.
Hermana de las resistencias: no te mueras”.

** http://www.mapuche-nation.org/espanol/html/noticias/testimonio-03.htm

*** ver: http://www.youtube.com/watch?v=-7pa4PtxPEs&eurl=http://www.elquintoinfierno.cl/

Fuente: http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=50633
(Material enviado por Marta Zabaleta)

Alejandra Dening: Defensa a los iluminados poetas oscuros

Charles Baudelaire



Dicen que todo ya está dicho
repetido
(mera sombra de lo mismo)
y en ese todo, que dicen luz
lo distinto
lo señalan como oscuro
y lo oscuro, claro está,
no es señal de iluminado
¡necios!
¡como si la luna no fuese capaz de brillar en su propia palabra!

Alejandra Dening
http://www.alejandradening.com.ar/

Cristina Villanueva en dos lenguas

Imagen: José Morenohttp://images.google.com.ar/imgres?imgurl=http://4.bp.blogspot.com/
Furia de lo vivo

La carne de las flores cae en racimos

Resbala en el aire

Agujeritos de luz en la mancha verde

Por donde los espías del cielo

Nos dan señales..

Caos sin simetría

La belleza está en lo inesperado.

Una hoja se suelta casi con dolor

Emisario que trae la noticia.

"Los ángeles no existen

son ustedes"



Fúria d'allò viu

La carn de les flors cau en raïms

S'esmuny en l'aire

Foradets de llum en la taca verda

Per on els espies del cel

ens donen senyals.

Aqueix caos sense simetria

La bellesa és en l'inesperat.

Una fulla es deslliura quasi amb dolor

Emissari que porta la notícia.

"Els àngels no existeixen

són vostés"


Traducción al catalán: Pere Bessó
Cristina Villanueva
libera@arnet.com.ar

2 textos de Viviana Pelle


Viviana Pelle



Quiero saber si esas almas de lazos de amor me han conocido y quiero cumplir sueños olvidados ayer, anteayer o ahora mismo.


Nadie me habla. Mis ex –novios están todos desaparecidos. El arte de la magia anda vagabundeando fronteras sin límites. En mi propio mapa no encuentro alma alguna que me haga volver a soñar con poder amar. ¿Adónde se quedaron los mundos de besos y promesas? Quiero rastrear en las raíces de mi árbol genuino y cada rama me dice que anda adoleciendo heridas que sangran a punto de que el corazón se les sale de lugar y los comprendo porque es lo mismo que me sucede a mí en estos días de sol sin agua, de luces sin estrellas y sin lunas.

Quisiera atrapar un sueño propio al vuelo. Cumplir con mis propias promesas de mejorar poco a poco. Ser un poco más habladora, si es que no lo he sido lo suficiente para que mis amores, ahora, no me hablen o no me reconozcan, o que aún ni siquiera me hayan conocido.
(23/01/08)




Una reina llamada Soledad.

Estoy harta, me harté de todo. Ya no existe nadie. Hasta mis sueños se llevaron. Estoy blanca, estoy intacta, estoy seca como una hoja verde otoñal. Estoy sola en mi soledad que parece la soledad mas sola que pudiese existir en este planeta de gente sola; de todos soy la que dirige todo mi mundo de soledades. Soy una reina llamada Soledad. ¿Por qué se llevaron todo? ¿Por qué arrastraron mi ser hasta hacerme enloquecer de soledad? No me han querido y ni los perdono ni dejo de perdonarlos. Cuando un alma vaga sola nadie la deja en paz y piensan que con ella pueden hacer lo que quieren. Pero a vos, si, a vos, te digo que no es así, que estás muy equivocado y que no me conocés y si no me conocés no podés amarme. Entonces yo te dejo solo y me voy con mi soledad arrastrándola por las paredes hasta llegar a ver los mares o ríos apenas surcando el horizonte en las fronteras del que ordena que las mismas deben existir. Mi amor no tiene fronteras, como tampoco mi existir en esta vida. Es por eso que me voy y huyo de las almas que jamás pudieron amarme ni podrán hacerlo jamás porque ni siquiera me han preguntado quién soy y que hago yo aquí en este mundo y no saben absolutamente nada de mí, de mi soledad vagando por calles oscuras de lentes oscuros en los días de la noche. Si se llevaron todo es mejor así, que me esconda en la orilla junto al río marrón de soledad con soles gigantes, aún más grandes que el mismo río. Y a vos te digo, a ustedes, que quiero vagar mis penas de mis sueños de desamores y recuperar mis sueños de poder amar y ser amada de verdad, de una vez y para siempre.
(24/01/08)

Viviana Pelle
http://www.pelleviviana.blogspot.com/

Sergio Borao Llop: Arena





¿Quiénes seremos cuando el ruido cese
y los cuadernos, ya cerrados, duerman?

¿Qué voz nos llamará por nuestros nombres?

Tan sólo nuestras huellas en la arena
quedarán, si el mar no las engulle.

¿Persistiremos lluvia, trino, rumoroso río?
¿Tal vez ensoñación de una palabra
prendida entre las crines del recuerdo?
¿Ceniza entonces, rescoldo de nostalgias?

Signos apenas en la arena leve.
O quizá sólo arena...


Sergio Borao Llop
sergiobllop@yahoo.es
http://sbllop.blogia.com/
http://www.aragonesasi.com/sergio

Juan Sagarda x 2


DUCHA FRÍA

Te embriagas de imágenes dentro del televisor
mientras la novela de tu vida va llegando al final
pues la llenas de desconciertos.

Vas dejando anulado mi ser
sitiándome en subterráneos oscuros
con miradas esquivas
no alcanza el tratamiento de mis manos
cuando llega la noche e indagó tu dermis
queriendo unirme.

Como del ajenjo amargo
que traes en tus labios crueles
y termino por dejar correr
estados seriales en mi brotada sangre.

La ducha fría me convierte
en estatua seca una vez más.



POR DESEARTE TANTO

Obstáculo ciego es la pasión
para exponer el amor
que sientes por mi.
Dices…

Te renové en promesa
a excepción de renunciar
a dar ojeadas detrás del rabillo,
tu cuerpo me incita a ello.

Vehemente en mis vulgaridades
saturando de ti las áreas
con lo esencial de tu figura en mis ojos
deseoso de tu imagen desnuda.

Tu podrías ser la provisión exacta para mi gen,
pero decides dejarme solo y lamentándome
por el echo de desearte cada vez mas.

Dices que el cuerpo viene después del altar

Juan Sagarda

3 poemas de Revagliatti



A LA FINAL


Conmigo, a la final, no pasó nada
Mucha nada pasó, a la final, conmigo
Por mí pasó, desde un principio, la mucha
nada

Ni siquiera
ni por asomo
fui un bluff.



BORDE


Con "la que inexorablemente
arreará con nosotros"
me topé muchas veces

espantándonos
siempre
en un borde.





DE LO QUE TEMO


Temo morir
matado por mí
temo morir
matado por mí

Temo no morir en el intento
de ser matado por mí
Temo también morir
incompletamente
por la acción chapucera
de ese pobre viejo que seré

Compelido por la adversidad
ese pobre viejo me acosará
para matarme
Eso temo

Tras acecharme
me acosará
ese pobre viejo ruinoso que seré
e intentará matarme

Si falla
añadiré bochorno
Al de él, impreciso
y enfático
el preciso
de mi sobrevivencia

Tanto como ejecutarme
temo experimentar
el ultrajante desasosiego

Temo decidir

Temo
tener
que decidir

y ejecutarme.





Rolando Revagliatti
http://www.revagliatti.com.ar/sopita.html
http://www.revagliatti.com.ar/ripio_e.html
http://www.revagliatti.com.ar/completas.html

Plaza de Mayo, un cuento de Eduardo González Viaña(*)


Me fascinaba el silbido de los dos loritos. Mi amiga
Adriana, su dueña, había dedicado pacientes horas y meses a enseñarles
algunas tomadas del folklore argentino Guitarra en mano y mirando hacia el
mar desde una ventana de Berkeley, repetía para ellos "Luna tucumana",
"Los ejes de mi carreta" y "El arriero". Los loritos después las
silbaban. Una tarde llegué al departamento y la sorprendí, repitiendo muchas
veces que "el camino lamenta ser el culpable de la distancia."


-¡Nostalgia, piba. Eso se llama nostalgia!

-¡Solamente, memoria!- replicó. Volvió a mirar a los loros.

El departamento estaba colmado de trinos. Había más de
veinte avecillas entre canarios, palomas, calandrias y hasta un cardenal de
penacho rojo. Unos cantaban y otros les respondían. Al final, todos
callaban respetuosos ante el virtuosismo de los loritos.


-¿No te parece que cantan como niños?

-Dirás que silban- respondí yo. Creía reconocer la canción
que estaba detrás:


"No puede ser que me vaya del todo cuando
me muera,

No puede ser que me vaya del todo cuando
me muera,

que no quede ni la espera detrás de la voz
que calla."

-Atahualpa Yupanqui por todas partes. Dios mío, piba, ¿no
has pensado en volver a la Argentina?-le pregunté... -Al fin y al cabo,
el pasado ya es pasado. Los criminales están ante el juez, en la cárcel
o perseguidos por su propia sombra.


-¿La Argentina? No, de ninguna manera. Allí el recuerdo me
tendría más a la mano.

Le pedí disculpas varias veces, pero hizo como si no me
escuchara. Los amigos de Adriana habíamos pactado no traerle esas
memorias. Como miles de mujeres, ella también sufrió prisión durante la
dictadura. Su marido y su bebé de meses desaparecieron. De ellos no se supo
nada nunca más. Quise cambiar de tema, pero me interrumpió.

-Les he enseñado a silbar como silbaría mi hijo si
estuviera aquí.-dijo.


Me contó después que había comprado los loritos en una feria callejera
de "Saturday Market" a una vieja guatemalteca.

-Vendía toda clase de aves. Me dijo que los pajaritos son las almas de
los niños que murieron muy temprano.

Todos los monólogos de mi amiga tenían que llegar a ese punto.

-¡Imagínate! Me dijo que estos loritos silbarían como los
niños. Me aseguró que mi hijo silbaría a través de ellos.

Estaba yo en vísperas de hacer un viaje de turismo a la
Argentina y visitaba a Adriana para preguntarle qué quería que le trajera.
Me quedé callado pensando hasta qué punto el dolor maternal
trastornaba de rato en rato a mi amiga y la hacía pensar en ancianas con poderes
sobrenaturales.

Eso era lo que andaba pensando en el largo vuelo nocturno
de San Francisco a Buenos Aires. Por ratos, lograba conciliar el sueño,
pero me despertaba un griterío de niños. Ubicados en los últimos
asientos, avanzaban en puntillas hasta la cabina del capitán y desde allí se
lanzaban corriendo por los pasillos. Pasaban junto a mí zureando y
aleteando como una bandada de palomas. Volvían al fondo de la nave, y no
terminaban de llamar a gritos a sus padres o quizás a sus abuelas.


Lo hicieron varias veces. Al menos, eso es lo que creí, pero tal vez me
equivocaba. Cuando ya flotábamos sobre las nubes purpúreas de
Argentina, la camarera pasó a ofrecerme una bebida caliente y me preguntó por
qué no dormía. Le agradecí por la gentileza y le respondí que los niños
del fondo no me habían dejado descansar.

-¿Niños? ¡Qué curioso! En este vuelo no hay niños.


Me levanté del asiento para mostrárselos, pero allá al fondo sólo se
veían las tonsuras de unos veinte sacerdotes.

-Más bien, diríamos que todo un seminario está volando con nosotros.


Ante mis dudas, añadió:

-Y como usted bien sabe, éste es un vuelo directo. No hay paradas.

Por todo eso, ya en Buenos Aires, se me cerraban los ojos en el bus de
turistas, apenas dos horas después de ser recogido del aeropuerto.

La guía proclamó a gritos que se llamaba Gabriela, pero que nosotros
podíamos llamarla Gabi. Luego de un corto recorrido desde el hotel, nos
informó que habíamos llegado a la Plaza de Mayo y nos invitó a que
bajáramos a tomar fotos de la Catedral y de la Casa Rosada. Se pegaba al
megáfono y generalmente estaba muy cerca de mí. Tal vez lo hacía para
despertarme del todo y, quizás para lograrlo, me obsequió un alfajor
mientras repetía a todo volumen que los alfajores argentinos eran los
mejores del mundo.

Bajé a regañadientes. Escogí una banca cerca de la Casa Rosada y me
senté allí. El silbido de las aves me hizo entrar en una suave
somnolencia. Tal vez me quedé dormido. El calor veraniego se entreveraba en el
sueño con imágenes suspendidas en ese lugar. Por mis ojos entrecerrados,
una y otra vez pasaban grupos de mujeres, jóvenes y ancianas. Un pañuelo
blanco les cubría la cabeza y las identificaba mientras lanzaban
gritos enlutados y dolientes.

El sol de enero se posó rojo sobre mis pupilas. Sin embargo, todo lo
que yo veía con los ojos cerrados ocurría en la noche. En mis sueños, una
pandilla de hombres feroces saltó de una furgoneta militar y abrió a
golpes la puerta de una casa. Sacaron a empujones a un hombre. Se
llevaron también a una de sus hijas adolescentes. A la madre la golpearon y
le dijeron que volverían por ella.

Alguien me tomó de los hombros y me sacudió.

-¡Despierte! ¡Oiga, despierte! Ya pasó la hora. Lo andaba buscando.

Era la guía. Me puse de pie. En la banca de enfrente, una anciana me
observaba con fijeza. Me pareció que quería preguntarme algo. A lo mejor,
sus nietos se le habían extraviado jugando en el parque. Quise
acercarme a ella, pero la implacable Gaby me conducía por el brazo al microbús
y se quejaba de que yo ni siquiera le hubiera dado un mordisco al
alfajor.


El bus dio dos vueltas en torno del Obelisco. Nos detuvimos en varios
lugares de la ciudad para tomar fotos y en las Galerías Alcorta para
hacer compras. Por fin, fuimos al barrio de La Boca, y la guía nos
advirtió que sólo teníamos una hora para visitar sus coloridas casas
embrujadas.

-Eso sí, los tours no son para dormir - gritó.


Entré en el Rincón del Souvenir, y se me ocurrió una idea. Compré un
largo pañuelo blanco, tan blanco y tan largo que bien podría ser el
cansado sudario de un mártir o el secreto distintivo de un guerrillero. Era
el regalo ideal para Adriana. Entre insignias del Boca Júnior, jerseys
del San Lorenzo, estatuillas del Obelisco, calabacillas de mate,
monturas de cuero y sombreros de Gardel, el pañuelo parecía haber sido
dejado allí por alguna madre de la Plaza de Mayo.

Al pie de la Casa del Inmigrante, un cartón mostraba el retrato en
tamaño real de una pareja bailando el tango. Donde debían ir los rostros,
había agujeros. Un gringo altísimo me entregó su cámara digital. Me rogó
que tomara una foto de él y de su robusta esposa con las cabezas
dentro del cartel de los tanguistas.


Mientras apuntaba, el lente de la cámara me dejó ver -además de los
supuestos bailarines- el rostro de una anciana que se había detenido a
observar la escena. Quise pedirle que se retirara, pero reparé en que era
la misma mujer a quien había visto en la Plaza de Mayo. Pensé que tal
vez ella estaba con nosotros en el grupo de turistas, y sin embargo, de
vuelta en el microbús, no la encontré.

-El tour de día ha terminado. Por la noche, pasaremos para llevarlos a
un festival de tango en Palermo. Ustedes también podrán bailar o
recibir clases de tango.


Por mi parte, hubiera preferido descansar, pero no podía replicar a
Gaby. Me había ocurrido una pequeña desgracia. Había perdido el pañuelo
que comprara, y lo estaba buscando sin éxito cuando la guía me dirigió la
palabra:

-No se preocupe. Usted puede quedarse en el hotel esta noche. Se nota
que todavía no se ha recuperado del vuelo. Duerma bien porque mañana
vamos a caminar duro.


Le obedecí. Apenas llegué al hotel, subí a mi habitación y prendí el
televisor que estaba dando las noticias del día. La más comentada era el
triunfo de la socialista Michelle Bachelet en las elecciones
presidenciales de Chile. Un periodista relataba que, durante la dictadura,
Michelle estuvo presa al lado de su madre. En la celda, recibió la noticia
de que su padre había muerto a consecuencia de las torturas.

-Como ustedes recordarán- decía el periodista- durante los años
setenta, en diversos países del continente, y en la Argentina, hace 30 años,
los militares tomaron el poder. Adujeron que lo hacían para proteger a
sus países contra el comunismo. Para lograrlo, se consagraron al
exterminio de decenas de miles de personas a quienes se acusaba de adherir a
esa idea filosófica. Con ese mismo designio, formaron una alianza
llamada el Plan Cóndor. Si un ciudadano escapaba de un país del Cono Sur, lo
capturaban en el otro y era devuelto a sus perseguidores. No tenían
escapatoria alguna. En realidad, el Cono Sur estaba también en las otras
direcciones cardinales, en las casas de sus antiguos amigos y vecinos
que de súbito se volvieron cobardes y colaboradores. Estaba en todas
partes.


Me pregunté si alguien podía escapar de Buenos Aires y llegar siquiera
hasta Lima, pero el Cono Sur llegaba también hasta esa ciudad.

Por coincidencia, en ese momento, la televisión mostró imágenes del
Perú. Según la voz en off, el Perú no era solamente Cusco y Macchu
Picchu.


"...también hay una pujante vida urbana, y calles donde usted podrá
comprar lo mismo que en la Quinta Avenida de Nueva York. No tenemos nada que
envidiar a otras ciudades del continente como Santiago de Chile o
Buenos Aires"

La cámara se enamoró enseguida de varios edificios ultramodernos e hizo
un barrido por la calle Larco de Miraflores.

"Aquí puede usted caminar con tranquilidad. Aquí ya no hay terroristas.
Tampoco hay pobres ni mendigos. Una eficiente patrulla municipal se
encarga de ellos."-remarcó con sorna el locutor.


"Aunque muchos en el extranjero no lo sepan, los peruanos no somos
gente de color." La cámara persiguió a una familia de rasgos europeos. El
padre sonreía a la cámara. Los niños alzaban los brazos. La abuela se
puso muy nerviosa.

Después, los camarógrafos apuntaron hacia una hilera de carros del año
y se posaron sobre un vehículo de lunas oscuras. De allí salieron tres
hombres rubios y altos. Uno de ellos se acercó a la cámara y guiñó el
ojo a los espectadores.

-¡Bingo!- gritó.

Entonces los tres rubios se lanzaron contra el grupo familiar. La mujer
que parecía la abuela arrancó en dirección opuesta.


Para mí, y para cualquier espectador del comercial, ésa era una broma.
Supuse que en algún momento la anciana se acercaría a la cámara
acompañada de los rubios para promocionar alguna marca de cerveza o pisco de
exportación. No fue así; más bien el rostro asustado de la anciana
llenó la pantalla y quiso decir algo que no fue grabado. Era muy parecida a
la dama que yo había visto en varios lugares de Buenos Aires.

Quizás entonces me quedé dormido, y sólo desperté al día siguiente
cuando el teléfono de mi habitación resonó. Era Gaby, y me anunciaba que
eran las ocho de la mañana y que llegaría dentro de cuarenta y cinco
minutos.

Cumplió su palabra. Estuvo a las 8 y 45 en el lobby del hotel, y no me
dejó siquiera apurar una bebida caliente.


-No se preocupe. Tomaremos el desayuno en un café de Corrientes.

El carro nos dejó otra vez cerca de la Plaza de Mayo, y desde allí
comenzamos a recorrer la famosa avenida. Mis compañeros de tour se habían
disfrazado de argentinos. Casi todos habían comprado sombreros de cuero.
Los pantalones del gringo lo convertían en gaucho. Del cinturón para
arriba, era un malevo. Abierta y arrabalera, la falda negra de su esposa
mostraba al mundo los palpitantes volúmenes de su carne extensa y
puritana.

Nos detuvimos a conocer los teatros San Martín y Lola Membrives.
Entramos en el Gran Rex. Mientras observábamos los retratos de la entrada,
otro grupo se acercó hasta nosotros. Los pensé turistas, pero no tenían
cámaras fotográficas. Más bien, podían ser argentinos caminando con
los ojos cerrados. Parecían muy cansados. Se diría que los habían sacado
de casa a medianoche. Se deslizaban sin hacer ruido, como lo hacen los
difuntos. Daban la impresión de haber comido mucha tierra y de haber
sido enterrados a la mala. En vez de sombra dejaban sobre la alfombra,
huellas de un barro bermejo. Al final de ellos, se encontraba la anciana
que yo veía en todas partes.


-¡Serán artistas ensayando!- replicó la guía cuando le pregunté quiénes
eran. Añadió:- Pero yo no los he visto.

Por la tarde, Gaby nos llevó al Cementerio de la Recoleta. Ante la
puerta de altas columnas griegas nos hizo prometer no dispersarnos.
Avanzamos hacia la bóveda de Evita. Nos detuvimos, después, junto al
mausoleo del almirante Guillermo Brown.


Leímos decenas de nombres ilustres que iban acompañados de batallas,
universidades, foros, ministerios y obispados. Tropezamos con la pirámide
que guarda los restos del gobernador de Buenos Aires, Manuel Dorrego.
Más allá, estaba la bóveda de José C. Paz, fundador de "La Prensa".
Es un pedestal cúbico de granito negro en donde se posan dos ángeles.
Uno de ellos se postra ante una mujer desfalleciente mientras que el
otro está a punto de volar.

En ese momento quise salir del cementerio. Me abrumaba la seguridad de
que iba a encontrarme otra vez con la anciana, pero estaba equivocado.
Los enterrados en la Recoleta era verdaderos difuntos. La dama y las
personas que la acompañaban en el teatro tenían rostros de difuntos que
no lo son del todo.

Más tarde, decliné la invitación para las lecciones de tango e hice lo
mismo que la noche anterior. Caí rendido en el lecho de mi habitación y
cuando prendí la tevé, escuché las noticias. El locutor informó que el
nuevo Museo de la Memoria recordaría a los argentinos ejecutados
durante la dictadura militar. Se alzaría en la Escuela de Mecánica de la
Armada donde eran conducidos los prisioneros políticos para ser
torturados.

La televisión recordaba que los miles de niños desaparecidos nacieron
en el hospital de esa institución. Allí se trasladaba a las presas
embarazadas para que dieran a luz. Apenas nacidos, los hijos eran
arrebatados y luego se dejaba a la madre sufriendo hasta la muerte. Después,
para escarmiento de los suyos, la descuartizaban y dejaban sus restos en
algún rincón de Buenos Aires. Algunos torturadores apresados, cuando
pasó ese tiempo, declararon después que ése era único tratamiento
adecuado para una mujer terrorista. Aseveraron que habían dado clases acerca
de esos métodos a policías y militares de otros países sudamericanos.

El noticiero fue interrumpido, como la noche anterior, por la
propaganda turística del Perú. La cámara, que volaba sobre las líneas de Nazca,
se detuvo en el descomunal diseño de la araña. Desde allí apareció la
imagen superpuesta de las calles elegantes de Miraflores. El locutor
repitió su discurso:

"Aquí puede usted caminar con tranquilidad. Aquí ya no hay terroristas.
Tampoco hay pobres ni mendigos."

Como la noche anterior, hubo un zoom-in sobre el rostro del hombre
rubio que gritaba "!Bingo!" y por fin sobre la anciana que huía. Entonces
me di cuenta que yo conocía a esa mujer. Era la misma que me perseguía
en Buenos Aires, y la que yo había visto anteriormente en los periódicos
y revistas del Perú.

Se parecía a Esther Gianotti de Molfino, a quien los servicios de
seguridad argentina secuestraron en una calle de Lima el 14 de junio de
1980. Ese mismo día, los policías peruanos detuvieron a María Inés Raverta,
Julio César Ramírez y Federico Frías, todos argentinos. Se los
vendieron a los agentes rubios y se olvidaron del caso.

El teléfono de mi habitación sonó con estridencia. Gaby me
preguntó si al día siguiente iba a acompañar al grupo hasta Puerto
Madero. Me excusé.

-¿Le ocurre algo?... Ni siquiera ha usado la Tarjeta de
descuentos para el Shopping Alto Palermo o Patio Bullrich. Le advierto a
usted que en Buenos Aires puede encontrar el mejor cuero del mundo, y el
más tierno. Descuartizan a la vaca, y allí nomás le están sacando el
cuero. ¿No se anima a comprar cuero?

-A lo mejor, no.

-Tampoco quiere divertirse. No parece usted un turista.

-A lo mejor, no lo soy. Tal vez soy sólo un peregrino.


- En todo caso, tengo un encargo para usted. Me lo dejaron
en la oficina. Mañana, temprano, cuando vaya por el hotel se lo
entregaré. Hmm.parece que usted hizo amistades.

No le pregunté cuál era el encargo. Sabía cuál tenía que
ser.


Después, me dirigí a la Plaza de Mayo. Era una tarde silenciosa sin
turistas ni paseantes, pero escuché que los pájaros silbaban y silbaban
hasta desaparecer.

No puede ser que me vaya del todo cuando
me muera.

No puede ser que me vaya del todo cuando
me muera,

que no quede ni la espera detrás de la voz
que calla.

Cuando llegó la oscuridad, los pájaros cantaban en voz muy queda como
niños estudiando la tabla de multiplicar. Pensé en mi amiga Adriana y
en sus loritos que silbaban como niños. Decidí regresar al hotel, pero
antes busqué a las avecitas escondidas entre los árboles.

-¡Ey. chicos, ¿están ustedes allí?- grité frente a las
ramas de un ombú enmarañado de donde salían las voces.


Apenas lo dije, centenares de aves emergieron de entre los
árboles y ascendieron por el cielo escarlata de Buenos Aires.


Me encaminé al hotel.

-La guía de turistas le dejó este encargo -me informó el
hombre del lobby.

Sabía que era un largo pañuelo blanco y, luego de sacarlo
de la envoltura, me lo até al cuello para no perderlo. De vuelta en
Berkeley, en una casa colmada de pájaros y trinos, se lo entregaría a
Adriana.

Avancé hacia el patio del hotel y me senté junto a una mesa a pensar
cómo terminaría lo que estaba viviendo y soñando. A lo mejor, la abuela
encontró a los niños que buscaba. A lo mejor, aquéllos se fueron
volando con el resto de las aves. A lo mejor, este relato no tiene fin. La
luna emergió del Río de la Plata y, después de llegar al cenit, empezó a
descolgarse del cielo como un prolongado pañuelo blanco. Una hilera
interminable de pájaros la cruzaba.

Eduardo González Viaña

(*)Recibido del autor, peruano en Oregón, por Cristina Castello.
Es el cuento PLAZA DE MAYO que formará parte de un nuevo libro de
relatos sobre inmigrantes en USA.
Cristina castello
http://www.cristinacastello.com/
Fuente: UTOPOESÏA - 25/10/2008
utopoesia@gruposyahoo.com.ar

Correo



Con Macri hay que hacerlo de parado

Fui a dos actividades organizadas por el gobierno de la ciudad,relacionadas
con el teatro y la poesía. Me sorprendió ingratamente que no hubiera asientos
como en años anteriores. Ver gente de toda edad,muchos de mas de 80, tirada en
el piso o parada me movió a la reflexión. Si en otras temporadas las sillas
estaban ¿faltarán ahora los que las llevaban y sacaban al terminar? Como con
las administraciones anteriores había asientos, un empleado entregaba las
entradas que eran gratuitas y marcaban la posibilidad de disfrutar
cómodamente del espectáculo.
¿Los que hacían esas tareas estarán entre los 2400 despedidos?
Supongo que el señor Macri no es un apasionado de la poesía, ni del teatro, ni
del arte en general. En los negocios o en el deporte cierta tensión que
promueve la incomodidad puede ser efectiva, lo que está en juego es la
competencia. En la literatura que un actor nos acerca, lo que debería jugar
es el abandono a la emoción y al pensamiento, la fusión con el otro. Tiene
que ver con Eros que tiende a la unión y a la complejidad. En ese acto de
entrega las palabras del autor se asocian con nuestras propias experiencias
y sensorialidad.La falta de confort hace difícil que ese clima se
logre.Algo así como rapidito y de parado para cumplir y sacar las
promociones en diarios y carteles. Lo sentí como un desprecio, una falta del
cariñoso cuidado necesario hacia los artistas y el público. A lo mejor Juan L.
Ortiz y Pesoa los perdonan, yo no puedo.

Cristina Villanueva
libera@arnet.com.ar







La Interventora del Indec no quiere que las empleadas trabajen con escotes pronunciados


A BEATRIZ PAGLIERI....autoritaria funcionaria del INDEC
SACAR LOS PECHOS, USAR ESCOTES.... HASTA EL OMBLIGO
(Son los derechos , los que tenemos por ser mujeres)
(En vacaciones y mientras el sol de enero acaricia mis pechos)


Pechos, tetas, chichis, mellizas, lolas, limones......

Me han acompañado desde que la partera le dijo a mi mamá que había
traído al mundo a una mujercita.
Como brotes de flores de estación se insinuaron timidamente cuando
sin darme cuenta pasé de la niñez a la pubertad.
En la adolescencia ya estallaban como estallan las granadas al caer ya
maduras al suelo y empujaban hacia fuera los tablones almidonados de
mi guardapolvo de estudiante secundaria.

"Se parecen tus senos a los caracoles blancos...."al caminar por las
calles de mi pueblo en aquéllos lejanos tiempos de mi juventud entre
poemas de don Pablo.

¿Sabés que es esto? Al pasarme el represor la picana por mis pechos...

Manantiales de vida de donde brota el alimento con que alimenta a sus
crías la hembra humana.
Objeto del deseo masculino....desde siempre, desde los tiempos de los tiempos.
La revolución con los pechos desnudos, la justicia con un pecho a la vista.
La corrupción con los pechos colgantes en los demonios.
La santidad en la ausencia de los pechos.
La castidad en los pechos ocultos.
La fecundidad en Astartés con más de 20 pechos.
Los pecados capitales en la mujer con los pechos al aire.


Pechos, tetas, cichis, lolas, limones....
Nos pertenecen como nos pertenece el derecho a exhibirlos, a
esconderlos, a protegerlos, a cuidarlos, a darles el uso que demanden
los momentos de la vida y nuestro exclusivo derecho a hacer con ellos
lo que se nos venga en ganas....pues para eso son nuestros pechos,
nuestras tetas, nuestras chichis, nuestros limones o como quiera cada
cual y cada quien llamarlos.

A darles el uso que se nos venga en ganas.....¿Para que entrar en
detalles? Ya todas conocemos los diversos usos que cada cual y cada
quien puede dar a sus pechos.
Para eso son nuestros y para eso existen los derechos....para
defenderlos del atropello de quienes aún, al paso de los años,
insisten es esa estupidez de intentar ejercer autoridad sobre lo
nuestro.
Como lo intenta esta autoritaria de Beatriz Paglieri , que intenta
avanzar sobre las mismas de su género.
No se si reprimida, no se si lameculo del señor Funcionario que se
aprovecha de las pocas neuronas que posee.
Simplemente una traidora.Así de simple.Traidora al género y al sexo.
Y hay que reirse, no darle bola, sacar los pechos, usar
escotes....hasta el ombligo.
Muchos escotes como ventanas donde respiren los tantos pechos trabajadores.
De las mujeres que van y vienen moviendo senos mientras trabajan.

Nuestros pechos
Siempre ligados a lo que de ellos determine la cultura de la sociedad.
Y las moralistas de la sociedad.
Y los prejuiciosos de la sociedad.
Y los chupacirios de la sociedad.
Y los hipócritas de la sociedad.
Y los asexuados de la sociedad.
¿Y LOS FUNCIONARIOS REPRIMIDOS?

Cada mujer dispone de sus tetas como quiere.
Así de simple....son los derechos, nuestros derechos.
Vamos por ellos.
Usando escotes....hasta el ombligo.

¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE COMPAÑERAS!

Profesora María Cristina Saborido.
Ex –detenida –desaparecida.
Pozo de Banfield / Quilmes.
Julio / 77


"Tus senos son como dos panes hechos de tierra cereal y luna de barro"
Pablo Neruda.

domingo, 20 de enero de 2008



La Frase

Debemos arrojar a los oceanos del tiempo una botella de náufragos siderales, para que el universo sepa de nosotros lo que no han de contar las cucarachas que nos sobrevivirán: que aqui existió un mundo donde prevalació el sufrimiento y la injusticia, pero donde conocimos el amor y donde fuimos capaces de imaginar la felicidad.

Gabriel García Márquez

Leonor Silvestri en MV147


Reproducimos la poesía de Leonor Silvestri que acaba de publicar MV (Mail de los Viernes) en su número 147 y recomendamos visitar esta originalísima publicación virtual. Tán solo hagan clic en:
http://docs.google.com/View?docid=df29b38_363fkcs4k
(Gracias Lucas - Lucas.Centurion@kcc.com )


Intersex en el programa de la tarde frente a su cirujano

no tengo problemas en presentarme
frente a mil ojos, reflectores y cámaras
el frío helado, la refrigeración
del estudio de TV
nos recordará
a vos y a mí
la camilla y la sala
nuestro lecho nupcial
donde me desposaste
penetrándome
forzándome
treces veces al mes
durante 26 años
elastizando mi tejido
haciéndome ceder
con un tutor
reeducándome
corrigiéndome
adolescente o niño
dormido fui
vos, susurrándome al oído
palabras de enamorado
vos, Pigmalión con bisturí
yo, un mármol ardiente
un angelito, anestesiado
el tajo, irreversible
no puedo volver
despellejarme la vida
para que me quieran
que no me rechacen
antropofagia de la tele audiencia
zanjar, lijar, hurgar
asir mi cuerpo
hacerlo concha
valva salada la herida
sobre mí
tu
tratamiento
me extrañás, lo sé
Turco Julián con su antifaz
científico
tiene sentimientos
me echa de menos
objeto de su pasión
mi padecimiento
tu apetito
del cuerpo+del sexo
del cerebro
herramientas, técnicas
cierras dominantes
para cimentar
mi materialidad
mi subjetividad
tu lugar en la saciedad




2007

cada casi 100 años nieva
en buenos aires
el pueblo, no sé de que clase,
se atreve recién
a tomar las calles
celebra o festeja
el mundial de nieve
frente a la ventana
con la calefacción central
los ideales se derriten
los poetas de cierta edad
se sonríen
esta misma noche
la gente
estará muerta
o ya se han muerto
no lo sé
en el día de ayer
tapa la chapa la nieve
embotamiento adentro en el hueso
frío el colchón
o la catrera congelada
la habilidad de sentir
nada nada
excepto felicidad
los poetas de cierta edad
no leen libros rojos y negros
forrados con papel araña
burócratas del reformismo
votan vetan desalientan
a quienes resisten
la estupidez




La pista

Patinando
abrazada al frío
puedo sentir
en el hielo
cada una y todas
las vidas que pudiera haber
vivido.

Are you a dancer?
Are you a figure skater?
Are you from Portugal?

En el frío recuerdo
patinar en línea.

No.
Quise ser gimnasta alguna vez
No.
Tomé clases de danza.
No.
Hablo español.

Soy de
una ciudad
subtropical
allí no hay
nieve
no hay
ni invierno.


Bajo el frío
en mis pies
recuerdo.

¿Qué me queda
ahora
de todo eso
más que este hielo infinito
y esta cuchilla usada
una y mil veces
que no corta?


Leonor Silvestri

Por la mejoría de Mario Benedetti


Defender la alegría

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defenderla alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía

de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres


defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.


Mario Benedetti

Foto: Pablo Danese


Expo de ph15 en la Universidad de Nevada Las Vegas !! // ph15 photo exhibition at Donna Beam Fine Art Gallery Jan-Feb08


Del 14 de enero al 15 de febrero, las fotografías de los alumnos de ph15 serán expuestas en la galería Donna Beam de la Universidad de Nevada Las Vegas
Durante el mes de febrero realizaremos una videoconferencia durante la cual los fotógrafos de ph15 interactuarán con los visitantes y alumnos de la universidad


University of Nevada, 4505 Maryland Parkway
Las Vegas, NV 89154-5002 Estados Unidos
Teléfono: 1 (702) 895-3893
Lunes a Viernes de 9 a 17hs y Sábados de 10 a 14hs.
http://donnabeamgallery.unlv.edu/
http://www.ph15.org.ar/
info@ph15.org.ar

Cristina Villanueva: Tristeza náufraga


¿Sólo la tristeza se salvará del naufragio

o el naufragio con sus restos ,voces ,textos,

astillas de sustancia

se salvará de la tristeza

si encuentra una señal

que ordene los deshechos?


Cristina Villanueva
libera@arnet.com.ar

Un cuento de Marina Dragonetti

El último libro del mundo

El aire tímido del verano gemía por los recovecos que dejaba entrever la madera de la ventana, y ésta impasible le permitía una entrada entrecortada por un vaivén suave e imperceptible, como el coqueteo de quienes acaban de conocerse y sólo una escueta demostración de sentimientos les es permitida. Las gotas de sudor descendían furiosamente de la frente del Señor K hasta su mentón. Sin embargo éste se negaba con silenciosa indulgencia a quitarse la camisa azul francia que adornaba su pecho caluroso. Era una cuestión de buenas costumbres, más aún, de principios que se rehusaba abandonar aún en las circunstancias más incómodas. Para un caballero como él, la dignidad no era sólo un valor o premisa a seguir, sino más bien, se erigía en estandarte invaluable que no abandonaría sino hasta su muerte. Pero dicho personaje tan impoluto guardaba en secreto desde su más temprana infancia un hábito no menos que curioso. Como todos los hombres de buena cultura los libros eran su principal fuente de alimento, tanto espiritual como fisiológicamente hablando: claro que su práctica resultaba aún más visceral que en otros casos.

Comenzó por degustar algunas páginas por semana, especialmente se deleitaba con relatos policiales ingleses que por ese entonces eran su banquete predilecto. De a poco, la delectación devino obsesión y quien ha transitado por estos senderos, sabe que solo basta adelantar unos pocos pasos para llegar a la tierra de la perversión.

En un principio, se abastecía de la extensa biblioteca familiar que había heredado de la familia de su madre, ilustre y conocida por su fantástica selección de románticos alemanes y por la innumerable cantidad de diarios de viaje ingleses. Más tarde, cuando el legado familiar comenzaba a escasear, tuvo que emprender su búsqueda hacia nuevos lugares de provisión. Comenzó la tarea casi detectivesca de escurrirse por los anaqueles de las librerías en busca de las últimas novedades librescas y asaltaba las bibliotecas municipales de donde devoraba los clásicos rioplatenses. Los principios de los que tanto se había vanagloriado en otros tiempos, eran ahora abandonados en pos de la codicia También solía asistir a remates de importantes bibliotecas privadas de familias otrora aristocráticas en donde podía conseguir obras exóticas y primeras ediciones por minucias pecuniarias. Pero, sin duda, su actividad predilecta consistía en convertirse en sabueso hambriento de manuscritos inéditos, los cuales conseguía mediante viles artilugios, generalmente diciéndose editor en busca de nuevos talentos en bancarrota. En este último caso sentía una satisfacción especial; ya no sólo en el acto caníbal en sí, sino y creo que más aún, en el derrotero que lo llevaba a conseguir el alimento. Se trataba de poner a prueba su astucia, como el cazador experimentado que se deleita en conseguir piezas cada vez más exóticas, intenta nuevas formas de perfeccionar sus destrezas para engañar a su presa, de afinar sus artimañas.

Pero la cacería libresca a la que había dedicado poco más que la mitad de su vida, se hacía cada vez una empresa más dificultosa. Ya no abundaban en las bibliotecas, como solían hacerlo, las letras de Flaubert, Lovecraft, Lope de Vega y Cervantes que tanto deleitaban su selecto paladar. Fatalmente, en la desesperación cundió también su buen gusto y no quedo otro remedio que relegar la calidad literaria a géneros tan diversos como el esoterismo, la sátira burda, y el melodrama más empalagoso y absurdo de la novela romántica. Ya no quedaban muchos banquetes para escoger.

La voracidad de su empresa hacía cada vez más incierto el panorama, y la inevitable escasez no tardó en llegar. Tenía que encontrar una solución y pronto a su acuciante problema, ya no podía depender de la inspiración de otros para calmar su apetito, su situación era de una urgencia extrema, caería pronto en la locura de la inanición sino resolvía su situación pronto, sería víctima de visiones espectrales e imborrables para su frágil memoria y…. ¡Silencio! Ya lo tenía, sería más sencillo de lo pensado; necesitaba papel y una pluma o unos cuantos lápices, y algunas ideas ingeniosas y circunstanciales y sí, el Señor K podría autoabastecerse de tal manera que no necesitara recurrir nunca más al genio de otros, y quien mejor juez de los gustos personales que uno mismo.

Ansioso por emprender la reciente aventura, se dirigió a la tienda más cercana en busca de los artículos necesarios: todo lo material para llevar a cabo lo inmaterial. Después de una breve meditación, resolvió que a su personalidad más expeditiva y pragmática, le sería incómoda la escritura manual y por el contrario, más acorde a su carácter, adquiriría una máquina de escribir usada que había sido publicada el día anterior en los clasificados. Ya dispuesto y provisto de todos los materiales necesarios, sólo quedaban por revisar algunas ideas que había entrevisto en alguna que otra ocasión y que aunque le habían resultado apropiadas para ser llevadas al papel nunca había tenido la templanza necesaria para hacerlo.

La empresa idealizada se convirtió después de cinco noches en tortura intolerable. Bastara que comenzara una línea brillante para abandonarla al instante y aborrecerla minutos después. Comprendía al fin lo dificultosa que resultaba la tarea emprendida, el valor que implicaba cualquier escrito, aunque su finalidad más no fuera que la de entregarse al acto digestivo horas más tarde.

Era jueves y se encontraba en medio de una aburrida disquisición entre un marino ruso y un sacerdote polaco sobre la moralidad cristiana cuando de repente una idea aterradora cruzó por su mente: qué pasaría si no quedaban más escritores, qué sería del destino si el porvenir no diera a luz a la próxima generación literaria, qué sucedería si las que escribía él serían las últimas líneas de la historia. Poco a poco, fue comprendiendo la infinita responsabilidad que recaía bajo sus hombros: era el encargado involuntario de escribir el último libro del mundo. Era una tarea que no le hubiera gustado asumir conscientemente y sobre la que, si se hubiera percatado con anterioridad, hubiera reprimido sus instintos caníbales, o los hubiera destinado a otro objeto. Imposible. Se enfrentaba ahora ante una tarea monumental, insostenible: escribir sobre él, y sobre todos los hombres, manifestar el amor y la tristeza, describir con alabanzas la furia de las tempestades y los vicios metropolitanos, descubrir la quietud y magnificencia de la naturaleza, renegar del hombre y reivindicar los dioses profanos, imaginar tierras desconocidas e imposibles, venerar la belleza femenina, luchar guerras inexistentes, naufragar sobre goletas perdidas en el fondo de los océanos, maravillarse con la sincronía matemática, investigar crímenes irresueltos, contar aquella historia que nunca había sido contada y escribir lo que otros ya habían escrito… lo que el mundo jamás conocería.

Pasó, luego del aterrador descubrimiento, otras dos semanas de un insomnio insoportable, interrumpido únicamente por un sueño recurrente que fatigaba sus pensamientos aún más. Todas las noches aparecía su muerte, cálida, apática, mediocre. Su cuerpo era seguido por carnavales fúnebres que no festejaban tanto su persona como su prematuro tránsito. Sus manos entumecidas guardaban lo que habrían sido restos de papel incinerado y la piedra tallada de su epitafio sentenciaba: “I´m just like any other man, triying to catch the universe in the prision of a sentence”.


Marina Dragonetti
marinadragonetti@yahoo.com.ar